miércoles, 4 de mayo de 2011

Marco teórico y argumental

Esta instalación nace en principio como un proyecto de clase, pero con la intención de llevarlo a cabo en la realidad si se encuentra la financiación necesaria. 

Para apoyar los conceptos que he descrito hasta ahora acerca de lo que entendemos como consumismo y sus diversos procesos, expongo a continuación las siguientes referencias:

En “El simulacro de las marcas de consumoRaúl Arturo Sánchez Irabú comenta: “El consumo ha pasado de ser un instrumento meramente tangible, en donde lo que consumimos son los objetos proporcionados por el productor y las ideas que están contenidas en los objetos. Los objetos, que ahora llamaremos productos, tienen una gran relevancia en la generación de nuevos comportamientos de las personas en nuestra sociedad. No sólo se venden los productos y los servicios, sino también ahora se habla de la venta de la idea, que muchas veces no corresponde con la realidad, pero que es fácil poder vender porque los consumidores se van por lo extraordinario y novedoso que puedan resultar los nuevos elementos que están disponibles para ser consumibles. (...) La publicidad se une a este proceso de simulación, en donde la certeza ha quedado enredada entre el verdadero sentido del ejercicio mercantil y entre los deseos de avaricia por obtener mayor número de ganancias. Es importante ir hacia la verdad, no solo la verdad lógica, que puede ser manejada racionalmente sino la verdad moral, que nos haga establecer principios coherentes de actuación, que puedan mantener una relación armónica en nuestra sociedad, y así encontrarnos en un camino constante de búsqueda de la certeza. (…)
 
Según Gilles Lipovetsky, “El capitalismo de consumo ha ocupado el lugar de las economías de producción. (…) La vida en presente ha reemplazado a las expectativas del futuro histórico y el hedonismo a las militancias políticas; la fiebre del confort ha sustituido a las pasiones nacionalistas y las diversiones a la revolución. (…) El vivir mejor se ha convertido en una pasión de masas (…) Hemos pasado de una economía orientada hacia la oferta a una economía orientada hacia la demanda. Política de marca, “creación de valor para el cliente”, sistemas de fidelización, presión de la segmentación y la comunicación (…) El hiperconsumidor ya no está sólo deseoso de bienestar material: aparece como demandante exponencial de confort psíquico, de armonía interior y plenitud subjetiva (…) Yo demuestro, al menos parcialmente, que existo, como individuo único, por lo que compro, por los objetos que pueblan mi universo personal y familiar, por los signos que combino “a mi manera”. En una época en que las tradiciones, la religión y la política producen menos identidad central, el consumo adquiere una nueva y creciente función ontológica. (…) No se vende ya un producto, sino una visión, un “concepto”, un estilo de vida asociado a la marca: en adelante, la construcción de la identidad de marca estará en el núcleo del trabajo de comunicación de las empresas.” 

Por tanto, el producto identifica a la persona, y el código de barras identifica al producto. Para este proyecto he elegido el código de barras, porque me parece lo más general y representativo de cualquier producto hoy en día. Según la RAE, un ‘producto’ es una “cosa producida”. Y ‘producir’ significa, entre otras acepciones, “rentar, redituar interés, utilidad o beneficio anual” y también: “crear cosas o servicios con valor económico”. 

El código de barras proporciona diversos datos sobre el objeto en sí: qué es, cuál es su origen o su destino, su precio, y muchas otras características, según la utilidad que se le quiera dar; en definitiva, define el producto. 
La Real Academia define el código de barras como “conjunto de signos formado por una serie de líneas y números asociados a ellas, que se pone sobre los productos de consumo y que se utiliza para la gestión informática de las existencias”. 

Tomando el código por el producto en esta instalación lo “desnudamos” y, desprovisto de una marca, una apariencia, una imagen creada por los medios, ponemos de manifiesto que un producto no es más que un objeto con ciertas características, y no (por ejemplo) la “felicidad” en sí misma. 

Respecto a su historia, según Wikipedia, “la primera patente de código de barras fue registrada en octubre de 1952 (US Patent #2,612,994) por los inventores Joseph Woodland, Jordin Johanson y Bernard Silver en Estados Unidos. La implementación fue posible gracias al trabajo de los ingenieros Raymond Alexander y Frank Stietz. El resultado de su trabajo fue un método para identificar los vagones del ferrocarril utilizando un sistema automático. Sin embargo, no fue hasta 1966 que el código de barras comenzó a utilizarse comercialmente y no fue un éxito comercial hasta 1980”. 

Según la IVAN ORGANIZACIÓN, “El código de barras nació (...) de la necesidad de identificar los productos que se comercializan en las tiendas de consumo detallista a principio de los años 60s, sin embargo el uso masivo de esta tecnología se dio en la década de 70's. (…) En la actualidad, el código de barras, los lectores de código de barras y las terminales portátiles de captura de datos equipadas con lector de código de barras están difundidos masivamente a nivel mundial y son utilizados en forma global en todos los sectores productivos. (…) Simplemente sirven para identificar objetos, lugares, productos de consumo, e incluso personas. Los códigos de barras se han integrado en cada aspecto de nuestras vidas, se encuentran en el supermercado, en tiendas departamentales, farmacias, en productos electrónicos, en nuestros automóviles, en nuestras licencias de conducir, en nuestras identificaciones personales etc. Han sido aceptados como parte de nuestra vida diaria, y a veces no sabemos qué es lo que representan.” 

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