¿Por qué compramos?
domingo, 8 de mayo de 2011
viernes, 6 de mayo de 2011
Introducción al proyecto y objetivos del mismo.
¡Saludos a todos y todas!
Esta es la web de referencia para un futuro proyecto artístico: una instalación.
Esta es la web de referencia para un futuro proyecto artístico: una instalación.
El objetivo es provocar una reflexión sobre el consumismo, empezando por el ciudadano de a pie. El consumo, tal y como se entiende y se practica hoy en día en los países desarrollados, no es sostenible, ya que los recursos naturales son limitados. Necesitamos modificar con urgencia nuestros hábitos y exigir también un cambio de modelo económico a nivel gubernamental.
Para llamar la atención sobre este tema, utilizaré una imagen popular, muy común en nuestro día a día pero que a menudo pasa desapercibida: el código de barras; y, como soporte, las vallas publicitarias.
El objetivo concreto es hacer consciente al espectador del proceso de consumo, de los mecanismos que incitan al mismo, y los valores presuntamente asociados a los productos adquiridos. En definitiva, la manipulación a la que estamos sometidos. Compramos objetos a los que se les atribuyen propiedades que no tienen, y entramos en un círculo del que es difícil salir: la necesidad creada, continuamente insatisfecha, nos lleva a seguir comprando. Los códigos de barras que identifican los productos que compramos forman parte de ese sistema, son sus aliados. De hecho, reúnen en sí mismos la información completa (y real) del producto al que acompañan. En esta instalación, donde aparecen descontextualizados, sin embargo, cumplen una función distinta: lo denuncian.
Una vez descubierto “el juego” de la publicidad, por tanto, es más fácil deshacerse o modificar los hábitos adquiridos en favor de un consumo más responsable y consciente. Éste es mi objetivo.
jueves, 5 de mayo de 2011
Antecedentes y referentes artísticos
Según la Real Academia de la Lengua Española, hablamos de “consumismo” como la “tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios”.
Según Wikipedia, “(...) el consumismo puede referirse tanto a la acumulación, compra o consumo de bienes y servicios considerados no esenciales, como al sistema político y económico que promueve la adquisición competitiva de riqueza como signo de status y prestigio dentro de un grupo social. El consumo a gran escala en la sociedad contemporánea compromete seriamente los recursos naturales y el equilibrio ecológico.
El consumismo, entendido como adquisición o compra desaforada, idealiza sus efectos y consecuencias asociando su práctica con la obtención de la satisfacción personal e incluso de la felicidad (...)”
“En un mundo en que el ciudadano medio urbano consume cerca de 800 imágenes diarias, es hora de que nos paremos a pensar qué es lo que está pasando. Es hora de que nos preguntemos quiénes hacen estas imágenes y para qué las hacen, por qué todas ellas emiten mensajes que adquirimos de forma inconsciente de tal manera que, al deglutir la información que recibimos, no tenemos las riendas sobre lo que pensamos, sino que las tienen otros”. Del libro Esto no son las torres gemelas, María Acaso.
El tema del consumismo es un tema recurrente en la sociedad en que vivimos, ya que está basada en él. Es fácil por tanto encontrar gran variedad de imágenes relacionadas, y un cada vez mayor número de artistas implicados en la denuncia del problema que representa. Este proyecto también forma parte de esta denuncia, y podríamos incluirlo en lo que, de un tiempo a esta parte, viene denominándose “contrapublicidad”.
La contrapublicidad es una forma de resistencia cultural a aquello que nos viene impuesto. Cualquiera puede hacerlo y formar parte del proceso. Se trata de redefinir los mensajes comerciales y reclamar nuestro entorno a las grandes corporaciones.
Los consumidores nos sentimos conectados emocionalmente con aquello que compramos. No compramos cosas porque las necesitemos, sino porque sentimos que deberíamos comprarlas. Pero, una vez que comenzamos a descartar este tipo de ideas, vemos que la publicidad hoy en día no es más que un “truco”, una ilusión. Aunque la publicidad siempre estará presente a nuestro alrededor, podemos desarrollar un pensamiento crítico, cuestionando lo que se nos ofrece, en lugar de aceptarlo sin más.
A continuación, algunos ejemplos.
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Imágenes de Barbara Kruger. Sus textos e imágenes en blanco y negro se valen de la estética precisamente de aquello que critican: publicidad en anuncios, revistas, etc. |
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Doug Fishbone habla de consumo y globalización. Hasta 40 000 plátanos apilados en diversos espacios en las ciudades de Londres, Nueva York, Costa Rica, Ecuador y Polonia. Felizmente, una vez finalizada la instalación, la fruta se regala. |
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El estudio de diseño “US” crea esta llamativa imagen, comparando a una persona con aquello que consume. |
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Acción de la artista Princess Hijab contra el consumo pintando directamente sobre las marquesinas publicitarias del metro parisino. Según sus palabras, y sin ninguna implicación religiosa, "I’m an advertising hijabist. In other words, I cover all advertising with a black veil, which is a dark symbol, a reference on pop culture, and a way to [elegantly] hide advertising. It is also a study on territories and identities." Todos estos artistas comparten una forma inteligente e impactante de llevar a cabo aquello que quieren representar. Compiten con la omnipresente publicidad, con millones de imágenes al día inundándolo todo, por la atención del espectador. La diferencia es que aun utilizando armas similares, al contrario que la publicidad, ellos no “engañan” al espectador, no hay “doble significado”, sino que muestran lo que realmente quieren decir. Por último, un documental de 20 minutos muy ilustrativo que no os podéis perder. Es un vídeo que circula en Internet y explica de forma sencilla y clara para cualquier público los procesos de consumo, con una visión crítica, concienciando al espectador y apostando por un cambio global. Expone las conexiones entre un gran número de problemas sociales y ambientales, y nos convoca a todos a crear un mundo más sostenible y justo. El vídeo se llama originalmente “The story of stuff” (La historia de las cosas) y está narrado por Annie Leonard. VER VÍDEO Respecto a los códigos de barras, son un potente símbolo del consumismo, pero ya no se encuentran sólo en el embalaje de los productos, sino que se han introducido también (unas veces con y otras sin significado aparente) en diversos ámbitos, desde la estética (tatuajes), al arte (graffiti por ejemplo), el diseño, la publicidad, o incluso la decoración. Estas líneas negras y blancas se han convertido en una poderosa imagen, atractiva y provocadora a la vez. Algunos ejemplos del empleo del código de barras: Retrato de Elvis por el artista Scott Blake, compuesto por códigos cuya lectura remite a un enlace online de un producto relacionado con el cantante (música, etc.) Este artista en concreto, al igual que mi proyecto (aunque el suyo no con carácter reivindicativo, sino más bien lucrativo), ha conseguido mezclar los códigos y el hecho del consumo en sí, en un mismo producto. Tatuaje de un código de barras en la parte posterior del cuello de la cantante Pink Curiosamente, he encontrado también una imagen que guarda un parecido pasmoso con mi proyecto, aunque no tiene el mismo significado. Es un diseño de Leagas Delaney London para Stop the Traffik, una campaña contra el tráfico humano. Muestra siluetas humanas atrapadas entre las barras del código, como si de una cárcel se tratara. Un diseño de la firma rusa de arquitectos Vitruvius & Sons. Este edificio llamado Shtrikh Kod (“código de barras” en ruso), se encuentra en un área residencial gris y deprimente junto a la ribera del río Neva en San Petersburgo. Se trata de un centro comercial, donde las barras son, de hecho, las ventanas del edificio. Aplicación para decoración e interiorismo: The Bar Code Chandelier por Super Mobilet |
Códigos de barras japoneses diseñados por Design Barcode, Inc.
El arquitecto Rem Koolhaas creó un diseño de bandera de Europa, como crítica a la Unión Europea como entidad exclusivamente económica, basado en el código de barras de la compra.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Marco teórico y argumental
Esta instalación nace en principio como un proyecto de clase, pero con la intención de llevarlo a cabo en la realidad si se encuentra la financiación necesaria.
Para apoyar los conceptos que he descrito hasta ahora acerca de lo que entendemos como consumismo y sus diversos procesos, expongo a continuación las siguientes referencias:
En “El simulacro de las marcas de consumo” Raúl Arturo Sánchez Irabú comenta: “El consumo ha pasado de ser un instrumento meramente tangible, en donde lo que consumimos son los objetos proporcionados por el productor y las ideas que están contenidas en los objetos. Los objetos, que ahora llamaremos productos, tienen una gran relevancia en la generación de nuevos comportamientos de las personas en nuestra sociedad. No sólo se venden los productos y los servicios, sino también ahora se habla de la venta de la idea, que muchas veces no corresponde con la realidad, pero que es fácil poder vender porque los consumidores se van por lo extraordinario y novedoso que puedan resultar los nuevos elementos que están disponibles para ser consumibles. (...) La publicidad se une a este proceso de simulación, en donde la certeza ha quedado enredada entre el verdadero sentido del ejercicio mercantil y entre los deseos de avaricia por obtener mayor número de ganancias. Es importante ir hacia la verdad, no solo la verdad lógica, que puede ser manejada racionalmente sino la verdad moral, que nos haga establecer principios coherentes de actuación, que puedan mantener una relación armónica en nuestra sociedad, y así encontrarnos en un camino constante de búsqueda de la certeza. (…) ”
Según Gilles Lipovetsky, “El capitalismo de consumo ha ocupado el lugar de las economías de producción. (…) La vida en presente ha reemplazado a las expectativas del futuro histórico y el hedonismo a las militancias políticas; la fiebre del confort ha sustituido a las pasiones nacionalistas y las diversiones a la revolución. (…) El vivir mejor se ha convertido en una pasión de masas (…) Hemos pasado de una economía orientada hacia la oferta a una economía orientada hacia la demanda. Política de marca, “creación de valor para el cliente”, sistemas de fidelización, presión de la segmentación y la comunicación (…) El hiperconsumidor ya no está sólo deseoso de bienestar material: aparece como demandante exponencial de confort psíquico, de armonía interior y plenitud subjetiva (…) Yo demuestro, al menos parcialmente, que existo, como individuo único, por lo que compro, por los objetos que pueblan mi universo personal y familiar, por los signos que combino “a mi manera”. En una época en que las tradiciones, la religión y la política producen menos identidad central, el consumo adquiere una nueva y creciente función ontológica. (…) No se vende ya un producto, sino una visión, un “concepto”, un estilo de vida asociado a la marca: en adelante, la construcción de la identidad de marca estará en el núcleo del trabajo de comunicación de las empresas.”
Por tanto, el producto identifica a la persona, y el código de barras identifica al producto. Para este proyecto he elegido el código de barras, porque me parece lo más general y representativo de cualquier producto hoy en día. Según la RAE, un ‘producto’ es una “cosa producida”. Y ‘producir’ significa, entre otras acepciones, “rentar, redituar interés, utilidad o beneficio anual” y también: “crear cosas o servicios con valor económico”.
El código de barras proporciona diversos datos sobre el objeto en sí: qué es, cuál es su origen o su destino, su precio, y muchas otras características, según la utilidad que se le quiera dar; en definitiva, define el producto.
La Real Academia define el código de barras como “conjunto de signos formado por una serie de líneas y números asociados a ellas, que se pone sobre los productos de consumo y que se utiliza para la gestión informática de las existencias”.
Tomando el código por el producto en esta instalación lo “desnudamos” y, desprovisto de una marca, una apariencia, una imagen creada por los medios, ponemos de manifiesto que un producto no es más que un objeto con ciertas características, y no (por ejemplo) la “felicidad” en sí misma.
Respecto a su historia, según Wikipedia, “la primera patente de código de barras fue registrada en octubre de 1952 (US Patent #2,612,994) por los inventores Joseph Woodland, Jordin Johanson y Bernard Silver en Estados Unidos. La implementación fue posible gracias al trabajo de los ingenieros Raymond Alexander y Frank Stietz. El resultado de su trabajo fue un método para identificar los vagones del ferrocarril utilizando un sistema automático. Sin embargo, no fue hasta 1966 que el código de barras comenzó a utilizarse comercialmente y no fue un éxito comercial hasta 1980”.
Según la IVAN ORGANIZACIÓN, “El código de barras nació (...) de la necesidad de identificar los productos que se comercializan en las tiendas de consumo detallista a principio de los años 60s, sin embargo el uso masivo de esta tecnología se dio en la década de 70's. (…) En la actualidad, el código de barras, los lectores de código de barras y las terminales portátiles de captura de datos equipadas con lector de código de barras están difundidos masivamente a nivel mundial y son utilizados en forma global en todos los sectores productivos. (…) Simplemente sirven para identificar objetos, lugares, productos de consumo, e incluso personas. Los códigos de barras se han integrado en cada aspecto de nuestras vidas, se encuentran en el supermercado, en tiendas departamentales, farmacias, en productos electrónicos, en nuestros automóviles, en nuestras licencias de conducir, en nuestras identificaciones personales etc. Han sido aceptados como parte de nuestra vida diaria, y a veces no sabemos qué es lo que representan.”
martes, 3 de mayo de 2011
Proceso de trabajo: metodología. Generador y lector de códigos.
Con una idea clara sobre el tema a tratar, me planteo la cuestión de cómo enfocarlo. Después de un tiempo de maduración, llego a la conclusión de que la mejor forma de expresarlo era a través de una instalación. Es entonces cuando comienza la fase de investigación sobre el tema y, una vez definido, el diseño de la instalación y el objeto detonante: el código de barras.
A lo largo del desarrollo del proyecto, pensando en las distintas formas de presentarlo, de hacerlo comprensible, y de ponerlo al alcance del mayor número de personas, llegué a la conclusión de que mi idea quizá estaba más entre la instalación y la acción, contando con la interacción del público, que de una exposición común en un sitio cerrado. Es así que decidí llevarlo a la calle: a una valla publicitaria. ¿Por qué motivo este soporte? Recordemos brevemente algunos de los soportes de los que se vale la publicidad comercial: televisión, escaparates, prensa/revistas, cine, Internet, radio, octavillas, vallas, marquesinas, transporte público, letreros luminosos… Estamos “rodeados” de publicidad. Se trata pues de “publicitar” un código de barras de grandes dimensiones, en diferentes puntos de la ciudad. Cumplo así el objetivo de difusión a gran escala, al alcance de personas muy distintas, y a la vez identifico, suplantándolo, el producto (o más bien su idea), con un código, en una estructura creada para promocionarlo, y sin embargo actuando en su contra.
Respecto a la creación del código de barras, cabe indicar que hay muchos tipos de códigos. Los códigos de barras pueden ser lineales o bidimensionales. El que yo he utilizado es lineal, y se denomina Código 39. Es un símbolo de longitud variable. He elegido este en concreto porque es el más parecido a la escritura común, ya que permite combinar números y letras. Generalmente se utiliza para identificar inventarios y para propósitos de seguimiento en las industrias. Esta simbología es actualmente la más usada para aplicaciones industriales y comerciales para uso interno, ya que permite la codificación de caracteres numéricos, letras mayúsculas y algunos símbolos como - . , $ / + % y "espacio". Se utilizan sólo dos grosores tanto para barras como para espacios.
“La información se procesa y almacena con base en un sistema digital binario donde todo se resume a sucesiones de unos y ceros. La memoria y central de decisiones lógicas es un computador electrónico del tipo estándar, disponible ya en muchas empresas comerciales y generalmente compatibles con las distintas marcas y modelos de preferencia en cada país. Estos equipos permiten también interconectar entre sí distintas sucursales o distribuidores centralizando toda la información. Ahora el distribuidor puede conocer mejor los parámetros dinámicos de sus circuitos comerciales, permitiéndole mejorar el rendimiento y la toma de decisiones, ya que conocerá con exactitud y al instante toda la información proveniente de las bocas de venta, estén o no en su casa central. Conoce los tiempos de permanencia de depósito de cada producto y los días y horas en que los consumidores realizan sus rutinas de compras, pudiendo entonces decidir en qué momento debe presentar ofertas, de qué productos y a qué precios”. (Wikipedia)
La relación completa de caracteres para este código es la siguiente:
Así pues, mediante esta nomenclatura, podemos generar cualquier código. Por ejemplo:
El código que aparece en la imagen anterior ha sido generado a través de la aplicación de www.morovia.com. Esta aplicación pone al alcance de cualquiera la creación de su propio código. Éste en concreto, podría leerse con un lector de códigos: es real, y significa lo mismo que suscribe (para hacerlo comprensible al espectador en este caso). Es así pues, como vamos a generar los códigos de nuestras vallas publicitarias.
Respecto a la lectura de los códigos de las instalaciones, aunque aquí aparecen reflejados, cada persona podría hacerlo directamente en el lugar de la instalación, incluso desde el teléfono móvil (si disfruta de conexión a internet), habiendo tomado previamente una fotografía del código a descifrar. El funcionamiento es muy sencillo:
2. Subimos nuestra imagen en cualquiera de estos formatos: PNG, JPG, GIF, TIFF o BMP
3. La aplicación de la página web nos da de forma automática y completamente gratuita la transcripción del código, transformando la imagen y descubriendo la palabra oculta
Si no se dispusiera de móvil con conexión a la red, entonces tomaríamos la imagen y más tarde, desde un ordenador, seguiríamos los pasos anteriores con el mismo resultado.
Por último, respecto a la organización física y la ubicación de estas vallas, la empresa Oblicua (www.oblicua.es) amablemente me ha proporcionado un presupuesto (que depende del número de vallas contratadas y del tiempo que las contrates) y un listado de posibles ubicaciones a elección del contratante. Para este proyecto, concretamente, serían 14 días, un alquiler de 15 vallas en la ciudad de Madrid, que son 4660€. Ese es nuestro presupuesto.
domingo, 1 de mayo de 2011
Ubicación del proyecto (instalaciones) y documentación gráfica
Como he indicado anteriormente, el proyecto se llevaría a cabo en la ciudad de Madrid.
“Como capital del Estado, es también la ciudad más grande y poblada, con 3.238.208 habitantes en su municipio, y 6.043.031 en su área metropolitana” (Wikipedia).
El acceso a las “instalaciones” es sencillo, pues se encuentran integradas en las infraestructuras ya existentes al efecto (las vallas publicitarias) y Madrid es una ciudad muy bien comunicada, con una red de transporte urbano muy completa (ver más abajo).
A continuación, el mapa general con la ubicación de las vallas elegidas (click sobre la imagen para ampliar):
Como es posible observar en el mapa general de la ubicación de las 15 vallas, a pesar de las limitaciones (ya que en el centro de Madrid no hay apenas vallas publicitarias por normativa municipal), he intentado distribuir de forma más o menos uniforme (y de acuerdo a las posibilidades que ofrecía el listado de la empresa Oblicua) los códigos entre los distintos barrios. Curiosamente, en la zona sur es donde más posibilidades hay, y concretamente en el área que se encuentra entre la M-30 y la M-40.
En cualquier caso, por su propia naturaleza, me interesaba que los códigos estuviesen allí donde solemos encontrar la publicidad del día a día, que nos vende móviles, perfumes, ropa, etc. que pasa desapercibida pero está siempre presente, y esto es a pie de calle, a la vuelta de la esquina, al alcance de cualquier persona.
Indico también los accesos a las instalaciones mediante transporte público (click sobre la imagen para ampliar):
Indico también los accesos a las instalaciones mediante transporte público (click sobre la imagen para ampliar):
Núm. 1 – Bus 114,N4 – Metro Torre Arias Línea 5
Núm. 2 – Bus 4,38,48,70,105,201 – Metro Ciudad Lineal Línea 5
Núm. 3 – Bus 14,35 – Metro Sierra de Guadalupe Línea 1
Núm. 4 – Bus 20,30,32,N8 – Metro Sainz de Baranda Línea 6, 9
Núm. 5 – Bus 56,143,156 – Metro Conde Casal Línea 6
Núm. 6 – Bus 126,127,132 – Metro Valdezarza Línea 7
Núm. 7 – Bus 137 – Metro Antonio Machado Línea 7
Núm. 8 – Bus 67,124,135,147,173,176, – Metro Pza Castilla Líneas 1,9,10
Núm. 9 – Bus 176,N124 – Metro Las Tablas Línea 10
Núm. 10 – Bus 10 – Metro Portazgo Línea 1
Núm. 11 – Bus 10,136 – Metro Buenos Aires Línea 1
Núm. 12 – Bus 60,131 – Cercanías Orcasitas Línea C-5
Núm. 13 – Bus 34,35118,119,N17 – Metro Urgel Línea 5
Núm. 14 – Bus 36, 561,571,591 – Metro Empalme Línea 5
Núm. 15 – Bus 39,N19 – Metro Campamento Línea 5
Por último, las panorámicas animadas de todas las ubicaciónes a pie de calle, de la mano de Google Maps.
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