jueves, 5 de mayo de 2011

Antecedentes y referentes artísticos


Según la Real Academia de la Lengua Española, hablamos de “consumismo” como la “tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios”. 
Según Wikipedia, “(...) el consumismo puede referirse tanto a la acumulación, compra o consumo de bienes y servicios considerados no esenciales, como al sistema político y económico que promueve la adquisición competitiva de riqueza como signo de status y prestigio dentro de un grupo social. El consumo a gran escala en la sociedad contemporánea compromete seriamente los recursos naturales y el equilibrio ecológico. 
El consumismo, entendido como adquisición o compra desaforada, idealiza sus efectos y consecuencias asociando su práctica con la obtención de la satisfacción personal e incluso de la felicidad (...)” 
“En un mundo en que el ciudadano medio urbano consume cerca de 800 imágenes diarias, es hora de que nos paremos a pensar qué es lo que está pasando. Es hora de que nos preguntemos quiénes hacen estas imágenes y para qué las hacen, por qué todas ellas emiten mensajes que adquirimos de forma inconsciente de tal manera que, al deglutir la información que recibimos, no tenemos las riendas sobre lo que pensamos, sino que las tienen otros”. Del libro Esto no son las torres gemelas, María Acaso
El tema del consumismo es un tema recurrente en la sociedad en que vivimos, ya que está basada en él. Es fácil por tanto encontrar gran variedad de imágenes relacionadas, y un cada vez mayor número de artistas implicados en la denuncia del problema que representa. Este proyecto también forma parte de esta denuncia, y podríamos incluirlo en lo que, de un tiempo a esta parte, viene denominándose “contrapublicidad”. 
La contrapublicidad es una forma de resistencia cultural a aquello que nos viene impuesto. Cualquiera puede hacerlo y formar parte del proceso. Se trata de redefinir los mensajes comerciales y reclamar nuestro entorno a las grandes corporaciones.  
Los consumidores nos sentimos conectados emocionalmente con aquello que compramos. No compramos cosas porque las necesitemos, sino porque sentimos que deberíamos comprarlas. Pero, una vez que comenzamos a descartar este tipo de ideas, vemos que la publicidad hoy en día no es más que un “truco”, una ilusión. Aunque la publicidad siempre estará presente a nuestro alrededor, podemos desarrollar un pensamiento crítico, cuestionando lo que se nos ofrece, en lugar de aceptarlo sin más. 
A continuación, algunos ejemplos.

Imágenes de Barbara Kruger. Sus textos e imágenes en blanco y negro se valen de la estética precisamente de aquello que critican: publicidad en anuncios, revistas, etc.

Banksy, explícito y directo con su Christ With Shopping Bags

Doug Fishbone habla de consumo y globalización. Hasta 40 000 plátanos apilados en diversos espacios en las ciudades de Londres, Nueva York, Costa Rica, Ecuador y Polonia. Felizmente, una vez finalizada la instalación, la fruta se regala.

El estudio de diseño “US” crea esta llamativa imagen, comparando a una persona con aquello que consume.
Jeong Mee Yong, Sehyun and Her Pink

El artista Heinrich Kimerling con  su American Beauty, hace un guiño a la conocida película del mismo nombre, y juega con el título y el cartel de la misma, cambiando el estereotipo de belleza femenin aoriginal (rubia, voluptuosa)  por una mujer obesa, y los pétalos de rosas por lo que parecen residuos en un vertedero. 

Absolut Impotence, 1996. de Adbusters #16. Concept by IOGT-NTO

Acción de la artista Princess Hijab contra el consumo pintando directamente sobre las marquesinas publicitarias del metro parisino. Según sus palabras, y sin ninguna implicación religiosa, "I’m an advertising hijabist. In other words, I cover all advertising with a black veil, which is a dark symbol, a reference on pop culture, and a way to [elegantly] hide advertising. It is also a study on territories and identities." 

Todos estos artistas comparten una forma inteligente e impactante de llevar a cabo aquello que quieren  representar. Compiten con la omnipresente publicidad, con millones de imágenes al día inundándolo todo, por la atención del espectador. La diferencia es que aun utilizando armas similares, al contrario que la publicidad, ellos no “engañan” al espectador, no hay “doble significado”, sino que muestran lo que realmente quieren decir. 
Por último, un documental de 20 minutos muy ilustrativo que no os podéis perder. Es un vídeo que circula en Internet y explica de forma sencilla y clara para cualquier público los procesos de consumo, con una visión crítica, concienciando al espectador y apostando por un cambio global. Expone las conexiones entre un gran número de problemas sociales y  ambientales, y nos convoca a todos a crear un mundo más sostenible y justo. El vídeo se llama originalmente “The story of stuff” (La historia de las cosas) y está narrado por Annie Leonard. VER VÍDEO
 
Respecto a los códigos de barras, son un potente símbolo del consumismo, pero ya no se encuentran sólo en el embalaje de los productos, sino que se han introducido también (unas veces con y otras sin significado aparente) en diversos ámbitos, desde la estética (tatuajes), al arte (graffiti por ejemplo), el diseño, la publicidad, o incluso la decoración. Estas líneas negras y blancas se han convertido en una poderosa imagen, atractiva y provocadora a la vez. 
Algunos ejemplos del empleo del código de barras:
 
Retrato de Elvis por el artista Scott Blake, compuesto por códigos cuya lectura remite a un enlace online de un producto relacionado con el cantante (música, etc.) Este artista en concreto, al igual que mi proyecto (aunque el suyo no con carácter reivindicativo, sino más bien lucrativo), ha conseguido mezclar los códigos y el hecho del consumo en sí, en un mismo producto.

Tatuaje de un código de barras en la parte posterior del cuello de la cantante Pink


Curiosamente, he encontrado también una imagen que guarda un parecido pasmoso con mi proyecto, aunque no tiene el mismo significado. Es un diseño de Leagas Delaney London para Stop the Traffik, una campaña contra el tráfico humano. Muestra siluetas humanas atrapadas entre las barras del código, como si de una cárcel se tratara.


Un diseño de la firma rusa de arquitectos Vitruvius & Sons. Este edificio llamado Shtrikh Kod (“código de barras” en ruso), se encuentra en un área residencial gris y deprimente junto a la ribera del río Neva en San Petersburgo. Se trata de un centro comercial, donde las barras son, de hecho, las ventanas del edificio.




Aplicación para decoración e interiorismo: The Bar Code Chandelier por Super Mobilet

 


 
Códigos de barras japoneses diseñados por Design Barcode, Inc.
El arquitecto Rem Koolhaas creó un diseño de bandera de Europa, como crítica a la Unión Europea como entidad exclusivamente económica, basado en el código de barras de la compra.
 
 

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